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Parece el título de este correo el de cualquier episodio de Arsénico Caviar, el pódcast en el que los periodistas y escritores Beatriz Serrano y Guillermo Alonso se posicionan con humor y mucha acidez en contra de un asunto cotidiano hasta desmembrarlo y, en el mejor de los casos, exponer sus propias vergüenzas por el camino. Nada más lejos de la realidad. No has recibido un profundo y sesudo análisis en tu buzón. Solo una opinión: no me gustan las pausas de publicidad del Mundial.
Igual piensas que me refiero a los descansos. O incluso que la definición —"pausas de publicidad"— induce al error, y que en realidad me refiero a las pausas de hidratación que se hacen en el ecuador de cada parte, esto es, en torno a los minutos 22 y 67 de todos los partidos del Mundial, cuando detiene el juego para que los futbolistas beban y reciban instrucciones de sus entrenadores.
Ni es un error ni me refiero al entretiempo. Como ya adelantó nuestro compañero David Álvarez, la FIFA prepara el terreno desde hace tiempo para instaurar un fútbol de cuatro cuartos. Y la Copa del Mundo, como el Mundial de clubes del pasado verano, solo es su banco de pruebas. De poco importa que en algunos de los estadios el balón eche a rodar bajo techo y con cañones de aire acondicionado a todo trapo; llegado el momento, el árbitro mira a la banda, pita y decreta la pausa. En esos tres minutos, las televisiones de todo el mundo proyectan una ristra de spots comerciales a millones de televidentes. Un descanso reducido, al fin y al cabo. Tanto, que el colegiado no reanuda el encuentro hasta que concluye el último anuncio.
“Las pausas de hidratación... tienen su aquel”, se arrancó en la BBC Virgil van Dijk, defensor del Liverpool y capitán de Países Bajos, tras el empate de su selección ante Japón. “He visto por televisión prácticamente todos los partidos del Mundial y cada vez que se detenía el juego para ir a publicidad... No me gustaba. Creo que para los espectadores neutrales que siguen el torneo desde casa tampoco es algo bueno. Si hace calor de verdad, obviamente es una medida positiva, pero creo que se tiene que analizar cada partido de forma individual, por separado...”, concluyó, sabedor de que algunas de las pausas se han concedido con 18 o 20 grados de temperatura. Un absoluto sinsentido que atenta contra el juego y el espectáculo.
Pese a todo, la denuncia del zaguero holandés, designado mejor jugador de Europa en 2019, parece ser todavía una insólita excepción. “Creo que ya he dicho suficiente sobre este tema”, zanjó Van Dijk, sonrisa irónica, tras su reflexión ante las cámaras. Por muy obvio que resulte desde casa o desde las tripas del torneo, nadie quiere pasarse de la raya y enfadar a quien no debe en el Gran Hermano estadounidense.
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