Historias positivas para mejorar tu semana
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Historias positivas para mejorar tu semana
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Ese lugar, nuestro lugar
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BRENDA VALVERDE RUBIO
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Bienvenidos a Correo sí deseado, la newsletter de EL PAÍS que selecciona historias positivas, con las que aprender, entretenerse y, sobre todo, con la que intentaremos que tu semana sea un poquito mejor. Si te han reenviado este boletín y quieres recibir los próximos en tu correo, puedes apuntarte aquí.
¡Hola! ¿Cómo va todo?
Espero que si te encuentras en el hemisferio norte, estés descansando unos días o que te quede muy poquito para hacerlo. Si me lees desde el sur, quizá esta entrega te inspire para planificar alguna escapada.
Parte del equipo de Correo Sí Deseado ya está de vacaciones y otras, aunque todavía nos quedan unos días, ya nos visualizamos en la playa de siempre, levantándonos tarde, inmortalizando el mismo atardecer que todos los agostos y leyendo algún libro pendiente. Una de las mayores suertes de mi vida es poder imaginarme en un lugar concreto cuando alguien me pregunta por mis veranos. Aunque de pequeña a veces tenía el pesar de ir siempre al mismo sitio y no viajar tanto como otras amigas, ahora creo que fue un regalo, un regalo al que también puedo llamar casa. Para mí ese sitio es Torrevieja, mi casadelosazulejosazules. Precisamente desde ella hace unos años llegué a una newsletter de Carmen Pacheco en la que recomendaba un libro de Carmen Laforet donde reflexionaba sobre sus veranos. De pequeña la escritora soñaba con viajar a bosques verdes y sombríos; sin embargo, de adulta comprendió que para sentir el verano necesitaba volver al lugar donde lo había vivido por primera vez:
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“Pero pasaban julio y agosto y yo no encontraba mi verano. Entonces supe que mis veranos estaban fijados para siempre en una sensación de calor recogida en mi infancia, en unas noches grandes, caldeadas por la luz de la luna, con el violento olor de los jazmines prendido en el aire. Y si fuera posible, para encontrar mi verano, que la noche tibia coja mi cuerpo sin apenas abrigo alguno, cansado y feliz, y la imaginación despierta. Y si fuera posible, para que mi verano fuera el verano de veras, el verano que yo recuerdo, yo necesitaría lo que ha desaparecido para siempre”.
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Desde hace unas semanas os hemos preguntado en los boletines de cada martes cuál es el lugar que os viene a la mente cuando pensáis en la palabra verano, y solo podemos daros las gracias por la altísima participación que hemos recibido. Estoy de acuerdo con muchos de vosotros en que al final, tras la rutina y un mundo tan convulso, la mayoría buscamos descanso, sencillez y paz. Lo que Manuel Vicent describe en una columna del pasado fin de semana como: “Llega agosto, no hay que pensar”.
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Seguramente la foto que más he repetido en mi vida.
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Venga, que es martes y aquí van algunos de esos lugares que os sirven como refugio:
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Benditos pueblos
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No podían faltar, son los reyes del verano, con sus verbenas, sus ríos, sus juegos nocturnos y su bocadillo a media tarde sin dejar de correr.
- Jose, de Madrid, recuerda que cuando era pequeño, en su pueblo albaceteño, Tarazona de la Mancha, disfrutaba de no tener horario y de la diferencia de control de cuando estaba en Madrid. “Eso, ahora visto en el tiempo, era felicidad pura”, afirma.
- Sara, que ahora vive en Estados Unidos, asegura que aún hoy vuelve a su pueblo para descansar de la rutina, recordar sus orígenes y conectar con la naturaleza.
- El frescor de los pueblos ha sido uno de los puntos más comentados de lo que supone escapar de las ciudades y resguardarse en ellos. Azucena recuerda cómo el calor de las tardes invitaba al relax, mientras que con el atardecer le apetecía salir “con la fresca” a dar largos paseos y a tomarse algo en el bar.
- Yolanda, coautora de esta newsletter, destaca de su pueblo, Codesal (Zamora), lo fácil que es ver en sus calles a los amigos que lo son “desde antes de tener memoria”. “Y charlar de cualquier cosa, de la vida, de las anécdotas de hace mil años o de lo que está pasando en el mundo. Pero visto desde una distancia que te hace pensar que nada es tan importante. Y que las prisas, los miedos, el cansancio y la vida fuera de allí siempre pueden esperar”, cuenta de este enclave que ya está en el corazón de toda la redacción de EL PAÍS, sobre todo el día de la Lotería de Navidad.
- También mi compañera Mari Luz ha querido destacar su pueblo como su lugar veraniego por excelencia. Se llama Casillas y está en Ávila, y en concreto donde más disfruta es en la carretera por la que se llega a él: “Cuando coges el desvío con el coche, el único destino es Casillas. La temperatura baja y se siente el frescor (e incluso se huele), la carretera se cubre con las ramas de los árboles que se cruzan entre sí. Esa parte del trayecto, cuando quedan solo unos minutos para llegar al destino, es lo mejor”. Confirmo que esa carretera tiene un encanto especial. Estos días, a raíz de los graves incendios que estamos viviendo en el centro de España, están siendo complicados para los habitantes y visitantes de esta localidad. Desde Correo Sí Deseado les mandamos un abrazo inmenso y el deseo de que pronto vuelvan a poder disfrutar de sus verbenas y piscina.
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Y este es mi pueblo, Villanueva de la Torre, en Guadalajara. Y firmaba lo que fuese por volver a alguno de esos atardeceres.
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El mar, la mar
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El otro rey del verano es el mar. A la vista está: muchos de vosotros habéis elegido una playa como vuestro lugar favorito para disfrutar de los días de desconexión. En mi caso, no hay verano sin ese paisaje. Me acompaña desde pequeña y hace que recargue pilas en tiempo récord.
- Me ha emocionado mucho el mensaje de Sonia, que desde Luxemburgo y tras un año complicado, recuerda con tremenda nostalgia y ganas de regresar El Rompido, en Huelva. “Necesito escuchar de nuevo el mar, sentir la brisa en la cara, contemplar los atardeceres sobre la ría y dejar que el tiempo vuelva a ir despacio. Allí me esperan mi familia, mis amigos y ese abrazo invisible que solo algunos lugares saben darte. Allí siento que puedo dejar de ser, por un momento, una paciente para volver a ser simplemente yo. Hay lugares que te gustan, otros que te emocionan… y luego están esos que te sostienen cuando más lo necesitas. Para mí, ese lugar siempre será El Rompido. Porque, después de un año de lucha, volver allí no es solo regresar a un lugar; es volver a encontrar una parte de mí y recordar que, incluso en los momentos más difíciles, siempre hay un hogar que te espera”. Ojalá tengas los días que mereces.
- A José, de Villalbilla (Madrid), no le hace falta la playa en sí, le basta con el mar: “La visión del mar es algo que me relaja mucho. No me gusta la playa, pero me podría pasar horas sentado cerca de la orilla viendo y escuchando el sonido de las olas”.
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