The World: ¿Se puede contener a la extrema derecha alemana?
Además, los microplásticos tóxicos de Indonesia.
El Times
8 de septiembre de 2026

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Buenos días a todo el mundo. Durante mi infancia en Alemania, la opinión generalizada era que la extrema derecha nunca volvería a conseguir un espacio significativo en nuestra política. El argumento era que nuestro pasado nazi había inmunizado a los votantes contra el atractivo de partidos de ese tipo. Y nuestra constitución posterior al Holocausto tenía herramientas poderosas para impedirlo. En la última década, el ascenso del AfD, el partido antiinmigrante de extrema derecha, ha dejado claro que el primer argumento era erróneo. ¿El segundo? Ya veremos.

El AfD obtuvo una contundente victoria en las elecciones estatales del domingo. No solo consiguió más del doble de votos que su rival más cercano; además, ganó con la mayor participación electoral desde la reunificación. En la mayoría de las circunstancias, eso se consideraría un mandato claro para gobernar. Sin embargo, el AfD quizá no pueda hacerlo.

Durante años, todo el establishment político de Alemania se ha unido para impedir que la extrema derecha llegue al poder. Ahora, una pregunta que los votantes del AfD llevan mucho tiempo planteando también se debate en los círculos políticos tradicionales: ¿estos esfuerzos por marginar al AfD en nombre de la democracia están, en realidad, socavándola?

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Dos personas con trajes oscuros sonríen mientras se dan la mano. Otra persona sonríe en el fondo, con una bandera roja y amarilla borrosa en lo alto.
Líderes del AfD celebrando en Sajonia-Anhalt el domingo Ronny Hartmann/Agence France-Presse — Getty Images

La mayor prueba hasta ahora para el cordón sanitario

La idea de que la extrema derecha debe mantenerse fuera del poder a toda costa está muy arraigada en Alemania.

En 1933, el partido nazi de Hitler pudo llegar al poder solo después de que un partido de centroderecha aceptara formar una coalición. Menos de dos meses después, la democracia había sido desmantelada. Esa catástrofe histórica está en el origen del concepto de un cordón sanitario: un compromiso de todos los partidos —voluntario, pero hasta ahora duradero— de rechazar al AfD (aunque uno actualmente está titubeando).

También se ha utilizado como justificación para una serie de medidas que los partidos convencionales han tomado para negarle otros derechos y poderes al AfD.

Las elecciones estatales de Sajonia-Anhalt han puesto a prueba este planteamiento como nunca antes. Medidas como el cordón sanitario y otras fueron diseñadas para mantener al AfD lejos de los mecanismos del poder que, según sus oponentes, usaría no solo para impulsar políticas como la deportación de ciudadanos alemanes sospechosos de terrorismo y compartir información de inteligencia confidencial con Rusia, sino también para debilitar el funcionamiento del control y equilibrio del país. Llamémoslo protección antiautocracia.

Sin embargo, una victoria de esta magnitud indica que esta estrategia, como mínimo, no está funcionando, y que incluso podría estar fortaleciendo al AfD. Cuando un partido recibe el 44 por ciento de los votos, mantenerlo fuera del poder parece, a los ojos de algunos, más un bloqueo a la democracia que un esfuerzo por su preservación.

Dos personas conversan. Son visibles grandes letreros políticos. Una pancarta dice “Das Land Retten” (Salvar el país).
En campaña por el AfD en Magdeburgo, Alemania, el viernes Annegret Hilse/Reuters

¿Su único punto en común? Dejar fuera al AfD

Los partidarios del AfD dirían que, para empezar, la democracia no estaba funcionando del todo. El partido AfD —Alternativa para Alemania— fue creado en 2013, en un momento en que los votantes alemanes no tenían muchas opciones. La excanciller Angela Merkel, de centroderecha, adoptó la costumbre de formar coalición con los oponentes tradicionales de su partido, de centroizquierda, lo que significaba en la práctica que, sin importar por qué partido votaras, acabarías teniendo el mismo gobierno.

El AfD ganó terreno en ese vacío.

Y a medida que su porcentaje de votos ha alcanzado nuevos máximos —las encuestas muestran que es el partido más popular del país— y el porcentaje de votos de los partidos convencionales se ha reducido a mínimos históricos, las coaliciones creadas para evitar que el AfD tome el poder se han vuelto cada vez más endebles.

Sajonia-Anhalt es un buen ejemplo. La única manera de mantener al AfD fuera del poder es hacer que los otros cinco partidos —que son extremadamente dispares— unan fuerzas, desde la centroderecha conservadora hasta la extrema izquierda poscomunista (ellos son los que titubean). Su único punto en común: dejar fuera al AfD.

Esa no es la única manera en que los partidos convencionales han buscado evitar darle poder al partido.

Cuando el AfD ingresó por primera vez al parlamento en 2017, las reglas se cambiaron apresuradamente para otorgar el puesto de jefe honorario de la legislatura al legislador con más años de servicio en lugar de al de mayor edad, que era un legislador del AfD. Los fondos de los contribuyentes que tradicionalmente se asignan a un partido para una fundación afiliada fueron congelados cuando el AfD creó una. Las presidencias de los comités parlamentarios se asignaban tradicionalmente en función de la proporción de votos, y la aprobación de otros partidos se trataba como una formalidad; ya no es así.

Cuando quedó claro esta primavera que el AfD podría obtener una mayoría en Sajonia-Anhalt, uno de sus bastiones de Alemania Oriental, la coalición gobernante del estado aprobó una ley diseñada para evitar que cualquier partido vete los nombramientos judiciales o bloquee el nombramiento de un gobernador que no le agrade.

Y como informan mis colegas en Berlín, los ministros del Interior en otros estados alemanes han planteado ideas para limitar el poder de un posible futuro gobierno del AfD, sobre todo con restricciones a su acceso a información de inteligencia.

Nada de esto ha funcionado para reducir el atractivo del AfD. Al contrario. El canciller Friedrich Merz ganó el cargo con la promesa de reducir a la mitad el apoyo al AfD. El fin de semana pasado, el AfD duplicó su proporción de votos en Sajonia-Anhalt. El partido cuyo apoyo se redujo a la mitad fue el de Merz.

Personas en una multitud levantan teléfonos para grabar. En el fondo, una pantalla muestra grandes gráficos de barras azules y rojas con resultados electorales del 44 por ciento y el 9 por ciento.
Miembros del partido AfD siguiendo los resultados de las elecciones de Sajonia-Anhalt Matthias Schrader/Associated Press

Una democracia militante

La constitución de la posguerra de Alemania fue escrita con el objetivo de producir una democracia “militante”, con un conjunto de herramientas robusto para combatir el extremismo. Es por eso que la agencia de inteligencia nacional puede poner a los partidos bajo vigilancia o incluso prohibirlos si representan una amenaza para la democracia.

Pero si marginas a un partido, sus votantes también se sienten marginados. Hablé con Matthias Quent, un experto en la extrema derecha en Alemania. A los votantes de Sajonia-Anhalt se les preguntó en las encuestas a pie de urna si estaban de acuerdo en que el AfD representa un peligro para la democracia. Aproximadamente la mitad dijo que sí. Pero la otra mitad dijo que no.

El hecho de que algunos partidos, como los conservadores que están en el gobierno, estén planteando al mismo tiempo prohibir al AfD y adoptar parte de su agenda socava aún más su credibilidad, dijo Quent.

Si se mira en retrospectiva, desde el momento en que el AfD entró por primera vez al parlamento, la política alemana ha pasado por tres fases para asimilar su ascenso. En la primera, los políticos del establishment lo desestimaron como un voto de protesta. En la segunda, actuaron agresivamente para impedir que ejerciera cualquier tipo de poder formal.

Probablemente pasarán semanas antes de que sepamos quién gobernará Sajonia-Anhalt. Pero esta semana podría ser el comienzo de la tercera fase, una en la que los partidos convencionales acepten que la manera de derrotar al AfD es ofrecer a los votantes una plataforma por la que en realidad quieran votar.

Lee más en detalle: La victoria de la extrema derecha en Alemania Oriental ha dado un nuevo impulso a los partidos de la derecha radical que esperan ganar elecciones en otras partes de Europa. Lee el análisis, en español.

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En el video aparece una reportera hablando sobre el problema de microplásticos tóxicos en Indonesia, alternando con imágenes de personas en la calle bajo lluvias intensas.
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Y una vez que esas partículas de plástico quedan suspendidas en el humo, la lluvia, los ríos y las corrientes oceánicas las transportan a grandes distancias, hasta que terminan entrando en el cuerpo humano a través de los alimentos, el agua potable y el aire. Este artículo muestra la magnitud de la epidemia de microplásticos.

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LA RECETA

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Esta limonada de coco helada, inspirada en la limonada brasileña, presenta una mezcla de sabores amargos, fuertes y dulces. Sírvela con albahaca fresca, hojas de menta y una pizca de pimienta negra recién molida.

¿DÓNDE ESTÁ ESTO?

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Filas de tiendas en una concurrida esquina de la calle.