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La imagen de Brasil es la de un Neymar sentado en el césped. Llorando sin consuelo. Un Neymar que ya no es el que era. Fuera de forma. Magia en los pies. Carácter y carisma. Pero mucho menos fútbol del que sus piernas y nuestra memoria recuerdan. Y su pena es la nuestra. Su desconsuelo es el desconsuelo de una Brasil que ha vuelto a caer antes de lo esperado, a manos de una selección europea. Incapaz de contener a un portento físico como Haaland. Incapaz de definir con la solvencia que se le exige a una selección de su categoría cuando se acercaba a la portería de otro gigante este domingo, Nyland. Y así, con un mal partido, con una estrella como Vini a la que no le alcanza y otra como Neymar a la que no le acompaña el físico, se despide una potencia, cinco estrellas sobre el escudo, de este Mundial tan imprevisible.
Se despedía horas más tarde también la anfitriona México, que decía adiós a un sueño que ha vivido intensamente y que ha encontrado su parada en los octavos de final y ante una Inglaterra que se ha enfrentado a sus fantasmas en el Estadio Azteca. Vencieron los de Tuchel empujados por dos goles de Jude Bellingham, que parece tener su mejor ecosistema en la selección inglesa, y lo intentó México hasta el final para despedirse con honores de un torneo en el que ha brillado con luz propia, en el verde y en las calles, volcado el país con un campeonato que explica sus ganas de gustar, gustarse, divertir y compartir.
Esta noche le toca a la Roja enseñar de lo que es capaz frente al rival de mayor entidad hasta la fecha. El equipo de De la Fuente se enfrenta a los muchachos de Roberto Martínez, liderados por el magnífico Vitinha y el eterno Cristiano Ronaldo, que agota sus días de fútbol en este Mundial. España o Portugal, solo uno podrá estar en los cuartos de final. El rival para esa eliminatoria saldrá del otro partido de octavos del día: EE UU - Bélgica.
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