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No hace falta reflexionar demasiado para entender que la vida de uno siempre camina sobre redes de confianza. Cada mañana despertamos con la seguridad de que el interruptor va a encender la luz al pulsarlo, que el grifo va a dar agua al abrirlo y que la nevera habrá dejado bien fría el agua guardada la noche anterior. Uno tiene fe ciega, ya puestos, en que no existe mejor lugar para ver el Mundial de fútbol que un buen chiringuito.
Cuando el atardecer aún alarga las sombras, aire libre, césped recién regado, decenas de personas se reúnen en torno al televisor. Hay niños correteando con los colores de España en las mejillas. Adultos con los nombres de Oyarzabal, Llorente, Ferran Torres y Marc Pubill en la espalda. Otros incluso que cantan a mitos pasados como Hierro o Luis Enrique. Y cuando el árbitro pita, todos se sientan bien ordenaditos en esas sillas de plástico que publicitan causas perdidas.
Lo intenta Lamine Yamal y pronto se detiene la retransmisión. Hay problemas de conexión en el paraíso. También paciencia. "¡Pon La 1!", grita el más animado, sonrisa cómplice en una mesa alargada y repleta de botellines vacíos. Vuelve la señal, y con ella, la vida avanza. Comienzan a desfilar las bravas. No acompañarán hasta el descanso los bocatas de lomo, las tortillas y los mixtos con huevo.
Se congela de nuevo la imagen en la segunda parte. Aparecen los primeros reproches. El kétchup ya mancha dedos y vergüenzas. Se lesiona Nuno Mendes y algunos deciden seguirlo por el móvil con un minuto de adelanto. Hay miedo al spoiler, mucho más que a perder el partido. La fe por la siguiente jugada siempre ha movido montañas.
Es a poco del final, con la tensión en picos máximos, cuando algo resuena a lo lejos. Pasan los segundos y sigue el 0-0. No hay sustos. "¡Ponlo en La 1, hombre, que vamos ganando!", suelta el mismo protagonista, ya con los párpados de vacaciones. Hay dudas. ¿Qué pasa? "Sí, sí, hemos marcado", confirma tu amigo con el móvil de chivato. El dueño del local empieza a grabar a la gente junto al televisor. La mayoría aún desconoce lo que está a punto de ocurrir. Marca Mikel Merino y explota todo.
A veces solo tenemos que cambiar de canal para darnos cuenta de que vamos ganando.
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